domingo, 19 de julio de 2026
El último Tango
miércoles, 15 de julio de 2026
viernes, 5 de junio de 2026
Como no sentirme asi
El artista mas convocante y popular de la musica argentina. Letrista prolifico, dueño de una voz inconfundble, idolo de multitudes lleno de mistica que siempre brillo al calor de las masas arengando el pago mas grande del mejor publico del mundo.
A comenzar de nuevo en tierra incognita, mi aplauso (y el de todo el pais) para vos en este dia y en cada dia.
martes, 24 de marzo de 2026
Todo esta guardado en la memoria
Pasaron 50 AÑOS del golpe civico militar que dio comienzo al capitulo mas sangriento y oscuro en la historia argentina. Hoy nos sigue gobernando la misma lacra que ajusta, endeuda, entrega y destruye al pais. La diferencia es que ahora llegan al poder por el voto popular y lo ejercen de forma autoritaria contra los eslabones mas debiles de la sociedad como niños, enfermos y jubilados.
La memoria hay que tenerla activa TODOS los dias para NUNCA MAS cometer los mismos horrores del pasado. Y a pesar de la epoca turbia en la que vivimos, recordar siempre que los Dinosaurios van a desaparecer.
domingo, 22 de marzo de 2026
Ecos, los mismos instantes
El anuncio de este Soda Stereo con Zeta y Charly tocando junto a un avatar de Gustavo produjo unos cuantos debates, más privados que públicos. En primerísimo lugar, no tiene sentido preguntarse por la opinión del mismo líder: si Cerati aún estuviera aquí (y cuánto se sigue lamentando su ausencia) no existiría Ecos y por lo tanto tampoco habría debate. Tomada esa decisión por parte de sus compañeros, los familiares y la productora, solo queda preguntarse si el truco funciona.
Y sí. Cuando David Copperfield estaba en la cima de su popularidad, el interrogante “¿cómo lo hizo?" quedaba muy detrás del impacto emocional, el asombro y la maravilla. Algo similar sucede con ese Cerati que dice “¡Hola, preciosuras!” antes de “Juego de seducción” o que, tras levantarse un telón translúcido, aparece en todo su esplendor en escena y en pantalla para “Nada personal”, dice “La espera terminó” y arranca “Hombre al agua”, uno de los grandes momentos de aquella Gira Animal de 1990.
Como en el cine, se trata de suspender la incredulidad y dejarse llevar por la ilusión. La gran mayoría de quienes llenaron la primera cita lo hizo, lo disfrutó. Habrá quien note la ironía de un casi perfecto avatar digital cantando “Estoy moviéndome con mis propios latidos” o “Quiero descansar de todo ayer” pero el de al lado, sin dejar de saltar en feliz desenfreno sodamaníaco, podrá decirle “Ya está bien, aguafiestas”.
Porque lo que se vive es una fiesta, aunque en algún momento haya un pequeño desfase entre el avatar y lo que suena o quede la duda de si la falsa entrada de “(En) El séptimo día” fue tal o un error planificado para cimentar la sensación de vivo. Los pasajes 3-D en “Cuando pase el temblor”, “Zoom” y “Primavera 0″ vienen a recordar que todo es una gran fantasía, lo mismo sucede cuando se toma la pista de voz original de 1985 en “Nada personal” y todo parece un gran karaoke. Pero todo se convierte en sueño cumplido cuando pur sang ganadores como “Sobredosis de TV”, “Prófugos”, “Ella usó mi cabeza como un revolver” ponen a todo el mundo en llamas. Como en el solo de “La ciudad de la furia”, “Persiana americana” produce escenas más lisérgicas que las de los anteojitos: “Cerati” descose su guitarra, “Cerati” maneja a la gente y la hace cantar.
Otra vez: ¿vale la pena romperle a la gente ese momento feliz subrayando con suficiencia que son solo conejos en una galera?
Zeta y Charly tocan pero no hablan, se reservan un momento de mayor protagonismo cuando aparecen en dos tarimas junto al público para tocar, claro, “De música ligera”, el inevitable cierre apoteósico, ahora sí con un desfile de múltiples Gustavos en pantalla. Han craneado el espectáculo, seleccionado audios y momentos, ensayado sobre esas grabaciones al milímetro, pero saben que la gran mayoría del tiempo las miradas y la atención plena estarán puestas en el muñeco digital. No hay conflicto en eso, en Soda Stereo siempre fue más o menos así.
Al cabo, Ecos es un gran espectáculo que cumple con lo que promete: la representación de un recital de Soda, ese hecho imposible desde el maldito 4 de septiembre de 2014. En una época mediada por las pantallas, en la que la Inteligencia Artificial -aunque esto no lo sea- es un factor admitido y prosumido, los interrogantes sobre la legitimidad y veracidad de todo el asunto quedan bien para la birra posterior. Pero durante buena parte de las casi dos horas de show las emociones barren con la razón. Sobre todo entre quienes nunca vieron al trío en vivo: entre los muchos encanecidos presentes en la primera fecha hubo más lugar para las sensaciones encontradas.
Quizá algo de esas contradicciones haya quedado traducido en un momento particular de la noche debut: ya en el tramo final, desde el escenario llegaba una atronadora versión de “Final caja negra”, otro solo que demuestra que Gustavo no solo tenía una prodigiosa mano derecha sino que también sabía puntear.
Pero el público, esta vez, se mostró curiosamente estático, como si de pronto hubiera caído una ficha, un atisbo de realidad entrometiéndose en la ceremonia. Pero inmediatamente después “Primavera 0″ y “Prófugos” se encargarían de volver a encarrilarla.
Entonces: ¿volvió Soda Stereo? Sí. No. Lo que hay son ecos, los mismos instantes llenando vacíos. Un poco de Black Mirror en nuestra vida cotidiana. Solo a unas cuadras del Movistar descansan los restos de un genio musical llamado Gustavo Cerati.
Pero esta noche, y muchas otras más, un pueblo rockero que lo sigue extrañando puede dejar el pensamiento científico en los molinetes y verlo otra vez, saltar, bailar, cantar con él. El conejo de la galera en el País de las Maravillas. Despiértenlos cuando pase el temblor.
jueves, 15 de mayo de 2025
Recordarte es un hermoso lugar
lunes, 21 de abril de 2025
jueves, 13 de marzo de 2025
Los ajustadores de siempre
viernes, 31 de enero de 2025
Avergonzados de ser Star Trek
Section 31 recorrió un largo camino desde que era una de las primeras spinoffs de TV con teasers en la era posterior a la primera temporada de Discovery, para resurgir años después como vehículo cinematográfico para la premiada Michelle Yeoh. Y ese camino se siente a lo largo de las casi dos horas que dura la película. Yeoh es la protagonista, e interpreta a Philipa Georgiu de Discovery, ex emperatriz del universo alterno de Trek, que se re-analizó y redimió en parte a lo largo de la serie antes de ser enviada a tiempos desconocidos para vivir una nueva vida. La película sigue a Georgiou, forzada a cruzarse con agentes de la organización espía que se nos presentó en Deep Space Nine y debe participar de una peligrosa misión que tiene que ver con su sangriento pasado.
Hay una ecléctica mezcla de personajes en el equipo. Hay corridas, disparos, y el escape de un terrible y peligroso plan. Esa es la vibra de Section 31: un poco menos que James Bond, y un poco más de Guardianes de la Galaxia. Pero como es una película de Star Trek hay cosas que no parecen corresponder, como la hueca estética de sci-fi que la envuelve.
Section 31 en el fondo quiere que su público recuerde que sus héroes son cool, que lo que hacen es cool, y que son atípicos porque no son lo que esperaríamos de los héroes de Star Trek, lo que los hace más cool todavía. Pero la película nunca refiere al controvertido legado de Section 31 en la historia de Star Trek, ni muestra a sus héroes debatiéndose con la moral. Section 31 actúa como si todo fuera nuevo para la franquicia, pero ignora la realidad que podría haberla hecho interesante: analizar qué es lo que la gente que viven en la sección 31 piensa de la organización y de su lugar en la Federación, y lo que significaría defender una utopía de la destrucción para quien busca doblegar esos ideales.
Star Trek es una serie que se enorgullece de pensar en grandes ideas y formular grandes preguntas. Pero Section 31 se obsesiona con lo pequeño porque es mucho más fácil hacer una broma de lo que lo es lidiar con las complejas ideas que la serie ha explorado en el pasado. Los personajes se ven deslucidos, aparte de que se los presenta como dinámicos y divertidos. La falta de atractivo para despertar curiosidad al menos se podría perdonar si Section 31 fuese al menos una buena peli de acción, pero lamentablemente eso no es así. Las pocas secuencias de acción tienen algunas ideas interesantes, y sí, Yeoh deleita en todas esas secuencias con sus patadas altas, aunque hay algunas escenas que se hacen un poco densas y largas. La pena es que esas ideas interesantes se ven deslucidas por la cinematografía y la edición, que suele minimizar el impacto de la acción para dejarla vacía.
Todo esto significa que no se trata de que Section 31 sea diferente a lo que se espera de Star Trek y que por eso es mala. Más bien, es simplemente una película que no logra transmitir una identidad propia, al tiempo de ignorar la identidad que podría formar dentro de la franquicia de Star Trek más allá de si traza un contraste o similitud con ésta. Una película que dura casi dos horas no tendría que sentirse lenta y pesada, pero es lo que sucede con Section 31, que no logra impactar al público ni le saca el jugo a todo el potencial que podría tener. Aquí, no hay un grupo de espías que se oculta y no tiene moral. Es tan solo una película bastante aburrida.
Star Trek: Section 31 se estreno en Paramount+ el viernes 24 de enero de 2025.
Autor original: Lucas Handley para Gizmodo US.
jueves, 16 de enero de 2025
El director surrealista
David Lynch, el director surrealista que logró tender un puente entre el cine convencional y la vanguardia, explorando los recovecos más oscuros de la psique humana y los misterios la clase media blanca promedio de Estados Unidos con una inquietante mezcla de melancolía, fantasía y horror, ha muerto a los 78 años.
En películas como Terciopelo azul (1986) y Mulholland Drive (2001), así como en la serie de televisión Twin Peaks, estrenada en 1990, proyectó una inquietante luz sobre la hipocresía, la corrupción moral y la violencia sexual, revelando la oscuridad latente incluso en pueblos idílicos, tan supuestamente dulces como una tarta de cereza.
Director de 10 largometrajes, o quizás 11, si se cuenta la nueva versión de Twin Peaks” de 2017 (que él describió como una película de 18 horas), Lynch recibió un Oscar honorífico por su trayectoria profesional en 2019. Además, obtuvo cuatro nominaciones por la dirección de Terciopelo azul y Mulholland Drive y por dirigir y coescribir El hombre elefante, un drama histórico de 1980 sobre un ciudadano inglés horriblemente deformado pero de refinada belleza interna.
Aunque El hombre elefante era relativamente convencional, aunque inquietante por la historia que contaba, su estilo era mejor conocido por obras casi singularmente extrañas, cuya narrativa se basaba más en el poder emocional o alegórico de sus imágenes que en argumentos o diálogos tradicionales.
Eraserhead, su distópico debut en 1977, presentaba enormes espermatozoides y una mujer que canta y vive dentro de un radiador; Terciopelo azul, una historia voyeurista de madurez, comenzaba con una secuencia que se detenía incómodamente en un enjambre de hormigas; y Mulholland Drive, un drama neo-noir, giraba en torno a identidades alteradas y misterios oníricos, incluyendo la aparición de una enigmática caja azul dentro del bolso de un personaje.
Como un mago que se niega a revelar sus trucos, Lynch no discutía el significado de sus películas. “Me gustan las cosas que dejan espacio para soñar”, dijo al New York Times en 1995. “Muchos misterios se resuelven al final, y eso mata el sueño.”
El cine era solo la parte más prominente de su vida artística. Compositor, grabador, escultor, fabricante de muebles, caricaturista, dramaturgo y pintor, se dedicó al cine mientras estudiaba arte en los años 60, en un esfuerzo por crear una “pintura en movimiento”.
Desarrolló un estilo expresionista que evocaba a directores tan diversos como Luis Buñuel, Jean Cocteau, Fritz Lang y Alfred Hitchcock, aunque dijo que le interesaba más ver programas de automóviles personalizados en televisión que estudiar películas antiguas.
Lynch fue quizás “el primer surrealista populista, un Frank Capra de la lógica de los sueños”, escribió Pauline Kael, crítica de cine del New Yorker. Con Eraserhead, un clásico de culto en blanco y negro sobre un padre trastornado (interpretado por Jack Nance) y un bebé mutante parecido a un reptil, “reinventó efectivamente el movimiento del cine experimental”. “Al ver esta película atrevidamente irracional, con su interés en la lógica de los sueños”, escribió Kael, “casi se siente que estás viendo un gótico de vanguardia europeo de los años 20 o principios de los 30... y, sin embargo, hay una sensibilidad completamente nueva en juego”.
Sus películas no siempre fueron tan experimentales ni tan bien recibidas. Su adaptación de 1984 de Duna, basada en la novela de ciencia ficción de Frank Herbert, fue un fiasco que recaudó apenas 40 millones de dólares); Twin Peaks: Fire Walk With Me, un complemento de la serie de televisión lanzado en 1992, fue destrozado por los críticos, con Vincent Canby del Times declarando: “No es la peor película jamás hecha; solo lo parece”.
Pero las imágenes macabras, la ironía inexpresiva y los personajes excéntricos inspiraron a toda una serie de imitadores “lyncheanos”, además de a directores independientes como Quentin Tarantino, los hermanos Joel y Ethan Coen y Jim Jarmusch. Y con Twin Peaks, una telenovela sobrenatural de misterio y asesinato, él y su cocreador Mark Frost elaboraron lo que es ampliamente considerado uno de los programas más influyentes de la historia de la televisión.
“Si miras el drama televisivo desde sus inicios, los programas contaban al público lo que iban a ver, luego se lo mostraban y finalmente les decían lo que acababan de ver. Nadie nunca estuvo confundido por lo que estaba sucediendo,” dijo David Chase, creador de Los Soprano a la revista Time en 2017. “Con Twin Peaks, Lynch y Frost te lo muestran y te dejan pensando: ‘¿Qué acabo de ver?’ Eso fue revolucionario, y aún lo es.”
Lynch se distanció de la segunda temporada pero volvió para dirigir y coescribir cada episodio de Twin Peaks: The Return, una revival aclamado por la crítica que vinculó la mitología del bien contra el mal de la serie con la creación de la bomba atómica.
En el estudio, Lynch colaboró frecuentemente con el compositor Angelo Badalamenti, cuyos jazzeros y etéreos sonidos pop subyacen en Twin Peaks y Terciopelo azul. También fue guionista de la mayoría de sus películas y actuó como su propio diseñador de sonido, aumentando el volumen de estática siseante, teteras silbantes y tablas chirriantes.
El cineasta y actor cómico Mel Brooks, cuya compañía produjo El hombre elefante, lo describió como el “Jimmy Stewart de Marte”, una mezcla incongruente entre un típico estadounidense entusiasta y un excéntrico misterioso. Mantenía su cabello en un deslumbrante jopo blanco, abotonaba su camisa hasta el cuello pero rara vez usaba corbata, y hablaba con un alegre acento del oeste, ocasionalmente exclamando: “¡No lo puedo creer!” (Usando un parche en el ojo, tenía un cierto parecido con el cineasta John Ford, a quien retrató en un cameo en la película de Steven Spielberg The Fabelmans).
Algunas de esas visiones inducidas por azúcar terminaron en Terciopelo azul, a veces citada como su mayor logro. La película impulsó a Isabella Rossellini al estrellato cinematográfico, revitalizó la carrera de Dennis Hopper e “hizo que el medio cinematográfico volviera a ser vivo y peligroso”, escribió el historiador del cine David Thomson.
Nombrada por una canción de amor popularizada por Bobby Vinton, “Blue Velvet” tuvo a Kyle MacLachlan en el papel de un estudiante universitario que regresa a su idílico pueblo natal y encuentra una oreja cortada en un solar baldío, un descubrimiento que lo lleva hacia una cautivadora cantante de salón (Rossellini) y un gángster sadomasoquista (Hopper) con una inclinación por el gas narcótico.
La película, dijo Lynch, fue moldeada por un recuerdo de infancia de su crianza en el Noroeste de la costa del Pacífico, donde una noche observó cómo una hermosa pero ensangrentada mujer apareció saliendo del bosque cerca de la casa de su familia, desnuda y llorando. “Vi muchas cosas extrañas suceder en el bosque”, contó a Rolling Stone en 1990. “Y simplemente me parecía que las personas solo te contaban el 10% de lo que sabían y dependía de ti descubrir el otro 90 por ciento”.
Con un amigo, Jack Fisk -posteriormente diseñador de producción y también director-, asistió a la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, en Filadelfia. Mientras pintaba una escena de jardín una noche, sintió que oía el susurro del viento y veía cómo sus flores pintadas al óleo se mecían con la brisa. Esa visión inspiró sus “películas en movimiento”, comenzando con la grotesca y explícita Seis hombres enfermándose (1967), que ganó el primer premio en un concurso de arte escolar.
En 1970, se mudó a Los Ángeles, donde estudió en el conservatorio del Instituto de Cine de América y comenzó a trabajar en Eraserhead durante un período de crisis personal. Se separó de su primera esposa, Peggy Lentz Reavey, con quien tuvo una hija; se mantuvo con una ruta de reparto de diarios que le generaba 48 dólares por semana y comenzó a meditar, sintiendo un “vacío” dentro de él.
“Mi padre es un gran admirador de la vida artística”, comentó más tarde su hija Jennifer Lynch a Newsweek. “La idea de estar atado por una familia era, en términos claros, una experiencia horrenda para él, una pesadilla hecha realidad”.
El éxito de Eraserhead en el circuito de películas de medianoche atrajo la atención de Brooks, quien lo reclutó para dirigir El hombre elefante. Creada independientemente de la obra de Broadway del mismo título, la película contó con Anne Bancroft (esposa de Brooks), Anthony Hopkins y John Hurt, cuyos elaborados prostéticos para el papel principal –creados por el maquillador Christopher Tucker– ayudaron a impulsar la creación de un Premio Oscar para maquillaje y peluquería.
Las películas incluyeron Corazón salvaje (1990), una excéntrica visión de El mago de Oz que ganó el premio principal en el Festival de Cine de Cannes; Carretera perdida (1997), una narrativa onírica que describió como una “fuga psicogénica”; e Imperio (2006), un tributo inquietante a los actores y la actuación, protagonizado por Laura Dern.
Algo improbable, también dirigió Una historia sencilla (1999), una película de Disney con clasificación “apta para todo público” basada en la historia real de un granjero que conduce una máquina cortacésped desde Iowa hasta Wisconsin para visitar a su hermano, de quien estaba distanciado por décadas. “Creo que puede ser mi película más experimental”, dijo tras el estreno de la película en Cannes. “La ternura puede ser tan abstracta como la locura”.
Su segundo matrimonio con Mary Fisk, hermana de Jack, terminó en divorcio después de que comenzara una relación con Rossellini que duró cinco años. Su matrimonio con la editora y productora Mary Sweeney, su pareja de largo tiempo, terminó en divorcio tras menos de un año. En 2009, se casó con la actriz Emily Stofle. Ella solicitó el divorcio a finales de 2023. Tuvo cuatro hijos: Jennifer, cineasta, de su primer matrimonio; Austin, de su segundo; Riley, de su relación con Sweeney; y Lula, de su cuarto matrimonio.
En los últimos años, emprendió un ambicioso esfuerzo por recaudar 7 mil millones de dólares para la Meditación Trascendental y construir “palacios de paz” alrededor del mundo. Pero el arte continuó siendo su principal enfoque, incluso mientras continuaba desconcertando a los espectadores.
“Se me ocurren ideas y quiero representarlas en películas porque me emocionan”, le dijo a Los Angeles Times en 1989. “Podrías decir que la gente busca significado en todo, pero no lo hace. Tienen vida ocurriendo a su alrededor, pero no buscan significado en ella. Esperan el significado cuando van a una película. No entiendo por qué la gente espera que el arte tenga sentido cuando acepta que la vida no lo tiene”.
lunes, 18 de noviembre de 2024
El final que nos mereciamos
domingo, 6 de octubre de 2024
Sir Paul Got Back
Hace dos horas y media y 33 canciones que Paul McCartney está sobre el escenario cuando desata el furibundo riff de “Helter Skelter”. El grito primitivo del Álbum Blanco sacude al Estadio Monumental y el público ingresa en un trance. Es testigo de un hombre de 82 años que cada noche pone en juego su leyenda. Que no paró un segundo de cantar, de moverse, de entretener. Y todavía falta para un final que presume ya escrito, pero aún así se permite un lugar para la sorpresa.
Con esa energía, el respeto por su obra y el compromiso con el público, el británico redondeó un concierto inolvidable en el primero de los dos que tiene programados en Buenos Aires. Organizado con una estructura similar a la de las últimas visitas, matizado por los cambios facilitados por la tecnología y la reciente aparición del documental Get Back, que bucea en las sesiones de Let it Be. El trabajo en las cintas audiovisuales de Peter Jackson, más la artesanía que derivó en la edición de la inédita “Now and then”, le permitieron a Paul utilizar nuevas herramientas a la hora de visitar el catálogo beatle y jugar un poco con su propia historia.
El público que colmó el Monumental fue llegando de a poco, con esa pintura generacional que solo permite un artista de la talla de McCartney, capaz de trascender los tiempos y las modas. Puntualmente a las 21 se apagaron las luces y las pantallas laterales empezaron a recorrer un edificio de manera ascendente para empezar a simbolizar la vida y obra de Paul McCartney. Amagó ser cronológico, con postales familiares en blanco y negro y los primeros contactos con la música: los imberbes Quarrymen que mutaron en Los Beatles para cambiar el mundo. Pero una dosis psicodélica lo tornó colorido y atemporal. Aparecieron los Wings y sus compañeros actuales, con los que ya lleva tocando casi el doble de tiempo que con los de Liverpool, las portadas de sus álbumes y figuras varias del universo pop, hasta que el ascensor imaginario llegó a la terraza: allí, un poco antena y otro pararrayos, su inconfundible bajo Hofner, y entonces todo termina de cobrar sentido.
Enseguida, Paul y sus músicos entraron a escena bajo una ovación. Sin demasiados preámbulos, marcaron cuatro y arrancaron con “Can’t buy me love”, uno de sus primeros hits con los Beatles. Le siguieron dos de Wings, “Junior’s Farm” y “Letting go”, esta con la sección de vientos en la platea, mezclada entre el público. El primero de los pequeños detalles de color para maridar con una lista de 37 canciones sin respiro.
En cuanto a lo visual, el escenario mostró dos inmensas pantallas verticales a los costados y dos parrillas de luces móviles con potencia de bombardero y colores varios. La escenografía, que amagaba ser austera e industrial, mutó a partir de “Drive my car” cuando se descubrió la pantalla trasera con visuales inspiradas en cada canción. Y un potente set de láser al nivel del escenario para ametrallar cuando fuera necesario.
Haciendo gala de su rol de entretenedor, Sir Paul estuvo locuaz pero sin exagerar poses ni “tribuneadas”. Dijo las habituales palabras en castellano -”Estoy muy feliz de volver a verlos, esta vez voy a tratar de hablar español un poquito”-, dialogó con el público por sectores y géneros, abrió los ojos tan grandes como solo sabe hacerlo él, se equivocó un par de veces y no se hizo problema y sacó todo su oficio de escenario para llevar la voz por terreno seguro. Y lo más importante, entregó algunas de las mejores canciones de su cosecha.
En un juego constante entre sus diferentes pasados, el de Liverpool fue intercalando el repertorio de Los Beatles, como ”Got to get you into my life”, “Getting Better”, “I’ve just seen a face” o “Being for the benefit of Mr. Kite”; con algunas de los Wings como “Let ‘Em In” y solistas como “My Valentine”, con dedicatoria en vivo a su esposa Nancy Shevell, presente en el Monumental. Para lograr esa versatilidad, es fundamental el aporte musical y vocal de una banda que juega de memoria. Rusty Anderson en guitarras y Brian Ray en guitarras y bajo, Paul Wickens en teclados, acordeón y armónica y el encantador Abe Laboriel Jr. en batería y percusión tienen oficio y presencia, y además le permiten al frontman sacar a pasear sus dotes de instrumentista.
Paul jugó al guitar hero en el himno de Wings “Let me roll it”, con cita “Foxy Lady” de su amigo Jimi Hendrix incluida. Se sentó al piano para cantar la desgarradora “Maybe I’m amazed”, con las pantallas inundadas por un McCartney de época, campestre y en sepia. Se calzó la mandolina e invitó a todos a bailar con “Dance”, y por un rato el carisma del batero se robó el show. Sacó el ukelele que le regaló George Harrison para homenajearlo con su ya clásica versión de “Something”. Y conmovió con la acústica, en modo trovador solitario.
Ni bien amagó la introducción de “Blackbird”, el público reaccionó entre la ovación y el suspiro. Y a medida que intercambiaba la melodía casi susurrada con el silbido característico, una plataforma lo elevaba unos metros del escenario, como si las ramas de un árbol lo proyectaran hasta confundirse con un cielo estrellado. Allí empezó “Here today”, su homenaje postmortem a John Lennon, que sirvió como preludio para la novedad de la gira. Estrenada el 1° de octubre en el Centenario de Montevideo, “Now and then” sonó por segunda vez en vivo y regaló un poco de esa melancólica fantasía de lo que pudo haber sido.
Llevando la nostalgia al límite, pegó “In spite of all danger”, el primer tema que grabaron con The Quarrymen con “Love me do”, el primer sencillo de Los Beatles. Y siguió un hit atrás de otro, con epicentro en “Live and let die”, con llamaradas sobre el escenario y fuegos artificiales en las afueras del estadio. El falso final llegó con “Hey jude”, y un mosaico de corazones celestes y blancos preparado para la ocasión y sostenido en los brazos en alto de los fanáticos.
Paul regresó casi de inmediato, flameando la bandera argentina y la del orgullo LGBTIQ+, y fue recibido al grito de “Dale campeón”. “Esta canción es muy importante para mí”, dijo para presentar “I’ve got a feeling”, donde se coló el Lennon de la terraza de Abbey Road para el puente. “Es especial cantar con John otra vez”, apuntó. Se dio el último gusto de los Wings con “Hi, hi, hi”, metió el reprise de “Sgt. Pepper” para que los personajes de la histórica tapa cobraran vida y peló la mencionada descarga de ”Helter Skelter” antes de la recta final, que trajo de yapa una versión corregida y aumentada de la frase que tanto nos gusta a los argentinos.
“Son el mejor público del planeta” dijo McCartney y solo quedaba el medley “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End”. “Hasta la próxima”, se despidió el caballero bajo una lluvia de papelitos celestes y blancos, que será esta noche en el mismo lugar, el 23 de octubre en el Kempes de Córdoba y después quién sabe dónde y cuándo. Enseguida, mientras la marea encaraba la amarga caminata de la despedida, empezó a sonar por los parlantes “No more lonely nights”, uno de sus clásicos ochentosos, y no fue un tema puesto al azar. Más allá de las distancias o las ausencias, no hay lugar para noches solitarias al abrigo de algunas de las canciones más lindas de todos los tiempos.
lunes, 15 de julio de 2024
El (bi)conquistador de America
Aunque se lesiono durante la final, Messi y la Seleccion de Scaloni pudieron ganar la Copa America y asi Argentina logro, una vez mas, el bicampeonato continental tras 31 años.
Ademas, el equipo albiceleste gano los últimos 4 torneos que disputo: Copa America 2021, Finalisima 2022, Mundial 2022 y Copa America 2024.
¡FELICIDADES CAMPEONES!
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| El mejor jugador de la historia llego a 45 titulos oficiales |
domingo, 5 de mayo de 2024
Creer otra vez
Velez paso, en apenas 6 meses, de estar peleando el descenso a volver a jugar una final local tras 11 años con un equipo integrado en su mayoria por jugadores jovenes y que venia golpeado por el escandalo de público conocimiento.
Mi reconomiento total para el equipo que, mas alla del resultado final, dejo TODO dentro de la cancha y nos hizo creer otra vez.
¡VAMOS VELEZ!
Hasta siempre Flaco
Como DT, Menotti saco campeón a Huracan en 1973 con un equipo notable, gano de local para la celeste y blanca la primer estrella Mundial en 1978 y el primer Sub 20 en 1979 con un juvenil Diego Maradona, a quien tambien dirigio en Barcelona y, principalmente, dejo un estilo influyente que marco a fuego la historia del futbol argentino.
¡Hasta siempre Flaco!
domingo, 4 de febrero de 2024
Made in Argentina
Es claro que, en muchos aspectos, poco o nada ha cambiado en años nuestra Argentina. Bastan los primeros minutos de Made in Lanús para comprobarlo. Si bien la obra transcurre en 1985, a casi 40 años la historia sigue cautivando por su actualidad, por sus personajes entrañables, por la manera sutil pero impactante en que se desarrolla el drama. Luis Brandoni -actor en la versión original- dirige esta experiencia teatral con precisa marcación, aunque adolece de cierta lentitud en su desarrollo.
La puesta en escena, creativa y acorde a la narración, es profusa en detalles escenográficos reales de todo tipo, como la heladera Siam. A la manera de un teatro verdad, el vino es vino y se descorcha allí mismo, el salamín se come, se abre la canilla de la pileta y sale agua, la antigua máquina de coser Singer funciona perfectamente, desde la cocina se oye con claridad el crepitar de la fritura, y hasta un canario amarillo revolotea dentro de su jaula.
En el cuarteto actoral se destaca Malena Solda, con gran naturalidad y riqueza de matices, expresando sentida y convincentemente los porqués de una férrea decisión. Alberto Ajaka, su marido en la ficción, compone un gracioso mecánico algo sobreactuado. Esteban Meloni lleva a buen puerto el vanidoso convencido de las bondades de vivir en Norteamérica. Cecilia Dopazo compone una esposa acorde, pero no se la oye.
Made in Lanús se ha convertido en un clásico del teatro argentino y en un retrato cabal de nuestra idiosincrasia. Esta nueva versión es muy válida y la obra está tan vigente como siempre.
miércoles, 27 de diciembre de 2023
Dicen que dicen
Tantas palabras que dicen mal
Como un eclipse se van comiendo
La verdad
Libre es un pueblo cuando hay futuro
Y hay sueños más que conformidad
Libres no es perdidos por el mundo
Libertad
Se llama imperio en el mundo antiguo
Le dicen, hoy, globalización
La democracia es de peces chicos
Tiburón
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
Cuando soñamos un mundo unido
No imaginamos esta prisión
Con 10 mil ojos guapando el nido
De un halcón
El fuego es fuego de donde venga
Guerra no es paz, ni el infierno Edén
No habrá justicia si usa la venda
Según quién
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
Dicen mal
Hoy las palabras confunden todo
Muestran 50 y esconden 100
Tanto poder en manos de pocos
No está bien
Tiempo es dinero y dinero es todo
Todo a algún precio y ningún valor
El hombre es tiempo y brotó del lodo
Por amor
Dicen que dicen andan diciendo
Tantas palabras que dicen mal
Como un eclipse se van comiendo
La verdad
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
Dicen que dicen, dicen que dicen
Dicen que dicen mal
domingo, 19 de noviembre de 2023
Hablando de la libertad
La poesía también saldrá a abrazarla.
La verdadera libertad no es la del dinero para esclavizar a las personas.
La verdadera libertad canta en la defensa de la dignidad del otro.
La verdadera libertad no retrocederá.
viernes, 3 de noviembre de 2023
Now And Then
Hay una cierta belleza poética en cómo surgió “Now and Then”. La viuda de Lennon, Yoko Ono -a la que tantas veces y tan injustamente se ha culpado de la disolución de los Beatles- reunió al grupo en 1994, cuando le entregó las maquetas de su difunto marido. Con la ayuda del productor del momento, Jeff Lynne, convirtieron “Free as a Bird” en un conmovedor single para su proyecto Anthology de los 90, con un vídeo desgarrador, así como un tema de Lennon algo menos satisfactorio llamado “Real Love”.
Pero “Now and Then” parecía estar fuera de los límites, marginada por las limitaciones de la grabación original de Lennon. Había un zumbido en la cinta. La voz y el piano no podían separarse. George Harrison declaró que era “basura” antes de que se dieran por vencidos.
Así que la canción se quedó ahí, hasta que apareció el software de Jackson para extraer de forma prístina la voz de Lennon y separarla del zumbido. McCartney y Ringo Starr se pusieron manos a la obra y añadieron nuevas pistas de batería, bajo, guitarra y voz, así como una contribución al piano de McCartney, que se dice que coincide con la interpretación original de Lennon, y pistas de guitarra que Harrison, fallecido en 2001, grabó en 1995.
Ahora se publica con la bendición de los patrimonios de Lennon y Harrison. Lo que debería zanjar la cuestión de si tiene derecho a existir.



