martes, 24 de marzo de 2026

Todo esta guardado en la memoria

Pasaron 50 AÑOS del golpe civico militar que dio comienzo al capitulo mas sangriento y oscuro en la historia argentina. Hoy nos sigue gobernando la misma lacra que ajusta, endeuda, entrega y destruye al pais. La diferencia es que ahora llegan al poder por el voto popular y lo ejercen de forma autoritaria contra los eslabones mas debiles de la sociedad como niños, enfermos y jubilados. 

La memoria hay que tenerla activa TODOS los dias para NUNCA MAS cometer los mismos horrores del pasado. Y a pesar de la epoca turbia en la que vivimos, recordar siempre que los Dinosaurios van a desaparecer. 












domingo, 22 de marzo de 2026

Ecos, los mismos instantes

Ecos, el espectáculo impulsado por Zeta Bosio y Charly Alberti que trae una representación híbrida de Soda Stereo, ya totaliza doce funciones en Villa Crespo (este fin de semana se agregaron dos funciones mas para junio), y harán una extensa gira continental que lleva vendidas MAS de 500 MIL entradas. ¿Acaso alguien podría sorprenderse? Soda es un monumento en la música popular argentina, y hay miles de jóvenes que saben de su leyenda pero no tuvieron oportunidad de verlo en vivo. Si encima la lista de temas recorre 19 títulos inoxidables, es la tormenta perfecta.

El anuncio de este Soda Stereo con Zeta y Charly tocando junto a un avatar de Gustavo produjo unos cuantos debates, más privados que públicos. En primerísimo lugar, no tiene sentido preguntarse por la opinión del mismo líder: si Cerati aún estuviera aquí (y cuánto se sigue lamentando su ausencia) no existiría Ecos y por lo tanto tampoco habría debate. Tomada esa decisión por parte de sus compañeros, los familiares y la productora, solo queda preguntarse si el truco funciona.

Y sí. Cuando David Copperfield estaba en la cima de su popularidad, el interrogante “¿cómo lo hizo?" quedaba muy detrás del impacto emocional, el asombro y la maravilla. Algo similar sucede con ese Cerati que dice “¡Hola, preciosuras!” antes de “Juego de seducción” o que, tras levantarse un telón translúcido, aparece en todo su esplendor en escena y en pantalla para “Nada personal”, dice “La espera terminó” y arranca “Hombre al agua”, uno de los grandes momentos de aquella Gira Animal de 1990.

Como en el cine, se trata de suspender la incredulidad y dejarse llevar por la ilusión. La gran mayoría de quienes llenaron la primera cita lo hizo, lo disfrutó. Habrá quien note la ironía de un casi perfecto avatar digital cantando “Estoy moviéndome con mis propios latidos” o “Quiero descansar de todo ayer” pero el de al lado, sin dejar de saltar en feliz desenfreno sodamaníaco, podrá decirle “Ya está bien, aguafiestas”.

Porque lo que se vive es una fiesta, aunque en algún momento haya un pequeño desfase entre el avatar y lo que suena o quede la duda de si la falsa entrada de “(En) El séptimo día” fue tal o un error planificado para cimentar la sensación de vivo. Los pasajes 3-D en “Cuando pase el temblor”, “Zoom” y “Primavera 0″ vienen a recordar que todo es una gran fantasía, lo mismo sucede cuando se toma la pista de voz original de 1985 en “Nada personal” y todo parece un gran karaoke. Pero todo se convierte en sueño cumplido cuando pur sang ganadores como “Sobredosis de TV”, “Prófugos”, “Ella usó mi cabeza como un revolver” ponen a todo el mundo en llamas. Como en el solo de “La ciudad de la furia”, “Persiana americana” produce escenas más lisérgicas que las de los anteojitos: “Cerati” descose su guitarra, “Cerati” maneja a la gente y la hace cantar.

Otra vez: ¿vale la pena romperle a la gente ese momento feliz subrayando con suficiencia que son solo conejos en una galera?

Zeta y Charly tocan pero no hablan, se reservan un momento de mayor protagonismo cuando aparecen en dos tarimas junto al público para tocar, claro, “De música ligera”, el inevitable cierre apoteósico, ahora sí con un desfile de múltiples Gustavos en pantalla. Han craneado el espectáculo, seleccionado audios y momentos, ensayado sobre esas grabaciones al milímetro, pero saben que la gran mayoría del tiempo las miradas y la atención plena estarán puestas en el muñeco digital. No hay conflicto en eso, en Soda Stereo siempre fue más o menos así.

Al cabo, Ecos es un gran espectáculo que cumple con lo que promete: la representación de un recital de Soda, ese hecho imposible desde el maldito 4 de septiembre de 2014. En una época mediada por las pantallas, en la que la Inteligencia Artificial -aunque esto no lo sea- es un factor admitido y prosumido, los interrogantes sobre la legitimidad y veracidad de todo el asunto quedan bien para la birra posterior. Pero durante buena parte de las casi dos horas de show las emociones barren con la razón. Sobre todo entre quienes nunca vieron al trío en vivo: entre los muchos encanecidos presentes en la primera fecha hubo más lugar para las sensaciones encontradas.

Quizá algo de esas contradicciones haya quedado traducido en un momento particular de la noche debut: ya en el tramo final, desde el escenario llegaba una atronadora versión de “Final caja negra”, otro solo que demuestra que Gustavo no solo tenía una prodigiosa mano derecha sino que también sabía puntear.

Pero el público, esta vez, se mostró curiosamente estático, como si de pronto hubiera caído una ficha, un atisbo de realidad entrometiéndose en la ceremonia. Pero inmediatamente después “Primavera 0″ y “Prófugos” se encargarían de volver a encarrilarla.

Entonces: ¿volvió Soda Stereo? Sí. No. Lo que hay son ecos, los mismos instantes llenando vacíos. Un poco de Black Mirror en nuestra vida cotidiana. Solo a unas cuadras del Movistar descansan los restos de un genio musical llamado Gustavo Cerati.

Pero esta noche, y muchas otras más, un pueblo rockero que lo sigue extrañando puede dejar el pensamiento científico en los molinetes y verlo otra vez, saltar, bailar, cantar con él. El conejo de la galera en el País de las Maravillas. Despiértenlos cuando pase el temblor.

Autor original: Eduardo Fabregat para Página 12 

jueves, 15 de mayo de 2025

Recordarte es un hermoso lugar

Pasaron 15 AÑOS de tu último acorde, pero Gus no hay día en que aun no resuene en mi tu voz. Y es que tu inmensa obra musical evoca hermosos e inolvidables momentos vividos. 

Recordarte siempre fue, es y será un hermoso lugar. 


jueves, 13 de marzo de 2025

Los ajustadores de siempre

El actual Gobierno nacional saco la moratoria previsional impidiendo que mucha gente mayor pueda jubilarse y cuando marchan para reclamar los reprimen, con el ajuste salvaje recortaron fondos para salud y educación, no ejecutan las obras necesarias y desmantelaron los entes públicos nacionales de ayuda para catastrofes como las inundaciones en Bahía Blanca o los incendios en la Patagonia, dejaron de dar los medicamentos a enfermos terminales y crónicos, no reparten más alimentos a los comedores comunitarios a pesar de que 50% de la población es pobre, estafaron a miles de personas con criptomonedas apocrifas, compran votos de Diputados y Senadores opositores para sancionar leyes que cercenan derechos básicos, meten jueces de la Corte por DNU, manipulan el índice de inflación y las cuentas públicas, se malgastan las reservas del Banco Central y nos siguen endeudando con el FMI para sostener un tipo de cambio atrasado artificialmente que beneficia a especuladores financieros. 

El pais es un eterno deja vù y, por desgracia, la historia muestra que SIEMPRE que se aplicó este tipo de modelo económico en Argentina termino MAL. Esta vez NO será la excepción. 

viernes, 31 de enero de 2025

Avergonzados de ser Star Trek

En los últimos 50 años ha habido 14 películas de Star Trek, y sin embargo la franquicia mantiene su reputación de ser problemática en la pantalla grande. Desde las continuaciones de la serie original hasta las remozadas de Kelvin Timeline, Star Trek siempre estuvo acosada por la cuestión de cómo adaptar una serie de TV que se enorgullece de su diplomacia y de las mentes científicas, a un medio exitoso que justifique el espectáculo de la acción sci-fi. ¿Puede Star Trek seguir siendo Star Trek en ese entorno? Esta semana, con la llegada de Section 31 a Paramount+, surge otra pregunta: ¿qué pasaría si una peli de Star Trek no tuviera interés en ser una peli de Star Trek, ni tampoco en ser una peli de acción particularmente interesante?

Section 31 recorrió un largo camino desde que era una de las primeras spinoffs de TV con teasers en la era posterior a la primera temporada de Discovery, para resurgir años después como vehículo cinematográfico para la premiada Michelle Yeoh. Y ese camino se siente a lo largo de las casi dos horas que dura la película. Yeoh es la protagonista, e interpreta a Philipa Georgiu de Discovery, ex emperatriz del universo alterno de Trek, que se re-analizó y redimió en parte a lo largo de la serie antes de ser enviada a tiempos desconocidos para vivir una nueva vida. La película sigue a Georgiou, forzada a cruzarse con agentes de la organización espía que se nos presentó en Deep Space Nine y debe participar de una peligrosa misión que tiene que ver con su sangriento pasado.

Hay una ecléctica mezcla de personajes en el equipo. Hay corridas, disparos, y el escape de un terrible y peligroso plan. Esa es la vibra de Section 31: un poco menos que James Bond, y un poco más de Guardianes de la Galaxia. Pero como es una película de Star Trek hay cosas que no parecen corresponder, como la hueca estética de sci-fi que la envuelve.

Section 31 en el fondo quiere que su público recuerde que sus héroes son cool, que lo que hacen es cool, y que son atípicos porque no son lo que esperaríamos de los héroes de Star Trek, lo que los hace más cool todavía. Pero la película nunca refiere al controvertido legado de Section 31 en la historia de Star Trek, ni muestra a sus héroes debatiéndose con la moral. Section 31 actúa como si todo fuera nuevo para la franquicia, pero ignora la realidad que podría haberla hecho interesante: analizar qué es lo que la gente que viven en la sección 31 piensa de la organización y de su lugar en la Federación, y lo que significaría defender una utopía de la destrucción para quien busca doblegar esos ideales.

Star Trek es una serie que se enorgullece de pensar en grandes ideas y formular grandes preguntas. Pero Section 31 se obsesiona con lo pequeño porque es mucho más fácil hacer una broma de lo que lo es lidiar con las complejas ideas que la serie ha explorado en el pasado. Los personajes se ven deslucidos, aparte de que se los presenta como dinámicos y divertidos. La falta de atractivo para despertar curiosidad al menos se podría perdonar si Section 31 fuese al menos una buena peli de acción, pero lamentablemente eso no es así. Las pocas secuencias de acción tienen algunas ideas interesantes, y sí, Yeoh deleita en todas esas secuencias con sus patadas altas, aunque hay algunas escenas que se hacen un poco densas y largas. La pena es que esas ideas interesantes se ven deslucidas por la cinematografía y la edición, que suele minimizar el impacto de la acción para dejarla vacía.

Todo esto significa que no se trata de que Section 31 sea diferente a lo que se espera de Star Trek y que por eso es mala. Más bien, es simplemente una película que no logra transmitir una identidad propia, al tiempo de ignorar la identidad que podría formar dentro de la franquicia de Star Trek más allá de si traza un contraste o similitud con ésta. Una película que dura casi dos horas no tendría que sentirse lenta y pesada, pero es lo que sucede con Section 31, que no logra impactar al público ni le saca el jugo a todo el potencial que podría tener. Aquí, no hay un grupo de espías que se oculta y no tiene moral. Es tan solo una película bastante aburrida.

Star Trek: Section 31 se estreno a Paramount+ el viernes 24 de enero de 2025.

Autor original: Lucas Handley para Gizmodo US.

jueves, 16 de enero de 2025

El director surrealista

El cineasta que siempre jugó en los bordes de Hollywood con sus exploraciones de los rincones más oscuros de la mente humana y la sociedad estadounidense, deja un inmenso legado artístico.

David Lynch, el director surrealista que logró tender un puente entre el cine convencional y la vanguardia, explorando los recovecos más oscuros de la psique humana y los misterios la clase media blanca promedio de Estados Unidos con una inquietante mezcla de melancolía, fantasía y horror, ha muerto a los 78 años.

En películas como Terciopelo azul (1986) y Mulholland Drive (2001), así como en la serie de televisión Twin Peaks, estrenada en 1990, proyectó una inquietante luz sobre la hipocresía, la corrupción moral y la violencia sexual, revelando la oscuridad latente incluso en pueblos idílicos, tan supuestamente dulces como una tarta de cereza.

Director de 10 largometrajes, o quizás 11, si se cuenta la nueva versión de Twin Peaks” de 2017 (que él describió como una película de 18 horas), Lynch recibió un Oscar honorífico por su trayectoria profesional en 2019. Además, obtuvo cuatro nominaciones por la dirección de Terciopelo azul y Mulholland Drive y por dirigir y coescribir El hombre elefante, un drama histórico de 1980 sobre un ciudadano inglés horriblemente deformado pero de refinada belleza interna.

Aunque El hombre elefante era relativamente convencional, aunque inquietante por la historia que contaba, su estilo era mejor conocido por obras casi singularmente extrañas, cuya narrativa se basaba más en el poder emocional o alegórico de sus imágenes que en argumentos o diálogos tradicionales.

Eraserhead, su distópico debut en 1977, presentaba enormes espermatozoides y una mujer que canta y vive dentro de un radiador; Terciopelo azul, una historia voyeurista de madurez, comenzaba con una secuencia que se detenía incómodamente en un enjambre de hormigas; y Mulholland Drive, un drama neo-noir, giraba en torno a identidades alteradas y misterios oníricos, incluyendo la aparición de una enigmática caja azul dentro del bolso de un personaje.

Como un mago que se niega a revelar sus trucos, Lynch no discutía el significado de sus películas. “Me gustan las cosas que dejan espacio para soñar”, dijo al New York Times en 1995. “Muchos misterios se resuelven al final, y eso mata el sueño.”

El cine era solo la parte más prominente de su vida artística. Compositor, grabador, escultor, fabricante de muebles, caricaturista, dramaturgo y pintor, se dedicó al cine mientras estudiaba arte en los años 60, en un esfuerzo por crear una “pintura en movimiento”.

Desarrolló un estilo expresionista que evocaba a directores tan diversos como Luis Buñuel, Jean Cocteau, Fritz Lang y Alfred Hitchcock, aunque dijo que le interesaba más ver programas de automóviles personalizados en televisión que estudiar películas antiguas.

Lynch fue quizás “el primer surrealista populista, un Frank Capra de la lógica de los sueños”, escribió Pauline Kael, crítica de cine del New Yorker. Con Eraserhead, un clásico de culto en blanco y negro sobre un padre trastornado (interpretado por Jack Nance) y un bebé mutante parecido a un reptil, “reinventó efectivamente el movimiento del cine experimental”. “Al ver esta película atrevidamente irracional, con su interés en la lógica de los sueños”, escribió Kael, “casi se siente que estás viendo un gótico de vanguardia europeo de los años 20 o principios de los 30... y, sin embargo, hay una sensibilidad completamente nueva en juego”.

Sus películas no siempre fueron tan experimentales ni tan bien recibidas. Su adaptación de 1984 de Duna, basada en la novela de ciencia ficción de Frank Herbert, fue un fiasco que recaudó apenas 40 millones de dólares); Twin Peaks: Fire Walk With Me, un complemento de la serie de televisión lanzado en 1992, fue destrozado por los críticos, con Vincent Canby del Times declarando: “No es la peor película jamás hecha; solo lo parece”. 

Pero las imágenes macabras, la ironía inexpresiva y los personajes excéntricos inspiraron a toda una serie de imitadores “lyncheanos”, además de a directores independientes como Quentin Tarantino, los hermanos Joel y Ethan Coen y Jim Jarmusch. Y con Twin Peaks, una telenovela sobrenatural de misterio y asesinato, él y su cocreador Mark Frost elaboraron lo que es ampliamente considerado uno de los programas más influyentes de la historia de la televisión.

“Si miras el drama televisivo desde sus inicios, los programas contaban al público lo que iban a ver, luego se lo mostraban y finalmente les decían lo que acababan de ver. Nadie nunca estuvo confundido por lo que estaba sucediendo,” dijo David Chase, creador de Los Soprano a la revista Time en 2017. “Con Twin Peaks, Lynch y Frost te lo muestran y te dejan pensando: ‘¿Qué acabo de ver?’ Eso fue revolucionario, y aún lo es.”

Durante su primera temporada en ABC, la serie atrajo a 20 millones de espectadores en un momento dado y recibió 14 nominaciones a los Emmy, ganando dos, con un elenco que incluía a Lara Flynn Boyle, Sherilyn Fenn, Kyle MacLachlan y Michael Ontkean. Pero la serie se hundió en la segunda temporada tras resolver el asesinato de Laura Palmer, una reina del baile de la secundaria cuya muerte pone en marcha una trama que involucra un hogar de drogas y prostitución, incendios intencionados en un aserradero y un cuarto rojo extradimensional donde un enano bailarín habla al revés.

Lynch se distanció de la segunda temporada pero volvió para dirigir y coescribir cada episodio de Twin Peaks: The Return, una revival aclamado por la crítica que vinculó la mitología del bien contra el mal de la serie con la creación de la bomba atómica.

En el estudio, Lynch colaboró frecuentemente con el compositor Angelo Badalamenti, cuyos jazzeros y etéreos sonidos pop subyacen en Twin Peaks y Terciopelo azul. También fue guionista de la mayoría de sus películas y actuó como su propio diseñador de sonido, aumentando el volumen de estática siseante, teteras silbantes y tablas chirriantes.

El cineasta y actor cómico Mel Brooks, cuya compañía produjo El hombre elefante, lo describió como el “Jimmy Stewart de Marte”, una mezcla incongruente entre un típico estadounidense entusiasta y un excéntrico misterioso. Mantenía su cabello en un deslumbrante jopo blanco, abotonaba su camisa hasta el cuello pero rara vez usaba corbata, y hablaba con un alegre acento del oeste, ocasionalmente exclamando: “¡No lo puedo creer!” (Usando un parche en el ojo, tenía un cierto parecido con el cineasta John Ford, a quien retrató en un cameo en la película de Steven Spielberg The Fabelmans).

Parecía vivir en un estado de dicha perpetua, a pesar de haberse casado cuatro veces y de realizar películas que involucraban violaciones y abuso de drogas. Él atribuía su paz interna a la Meditación Trascendental, que practicaba dos veces al día durante décadas, promovía a través de su Fundación David Lynch y describía como una forma de potenciar su creatividad. También recordaba un período de siete años en los que trabajó y comió todos los días en la cadena de restaurantes Bob’s Big Boy, sentándose a las 14:30 para pedir un batido de chocolate, beber hasta siete tazas de café con mucha azúcar y apuntar ideas en servilletas.

Algunas de esas visiones inducidas por azúcar terminaron en Terciopelo azul, a veces citada como su mayor logro. La película impulsó a Isabella Rossellini al estrellato cinematográfico, revitalizó la carrera de Dennis Hopper e “hizo que el medio cinematográfico volviera a ser vivo y peligroso”, escribió el historiador del cine David Thomson.

Nombrada por una canción de amor popularizada por Bobby Vinton, “Blue Velvet” tuvo a Kyle MacLachlan en el papel de un estudiante universitario que regresa a su idílico pueblo natal y encuentra una oreja cortada en un solar baldío, un descubrimiento que lo lleva hacia una cautivadora cantante de salón (Rossellini) y un gángster sadomasoquista (Hopper) con una inclinación por el gas narcótico.

La película, dijo Lynch, fue moldeada por un recuerdo de infancia de su crianza en el Noroeste de la costa del Pacífico, donde una noche observó cómo una hermosa pero ensangrentada mujer apareció saliendo del bosque cerca de la casa de su familia, desnuda y llorando. “Vi muchas cosas extrañas suceder en el bosque”, contó a Rolling Stone en 1990. “Y simplemente me parecía que las personas solo te contaban el 10% de lo que sabían y dependía de ti descubrir el otro 90 por ciento”.

El mayor de tres hijos, David Keith Lynch nació en Missoula, Montana, el 20 de enero de 1946. Su madre era profesora de lengua y su padre era científico investigador del Departamento de Agricultura. La familia se instaló en Alexandria, Virginia, donde David tomó clases los sábados en la cercana Escuela de Arte Corcoran cuando era adolescente y se enteró de que algunas personas pintaban como profesión. “Cuando descubrí que los adultos podían hacer eso, era todo lo que quería hacer. Quería fumar cigarrillos, tomar café y pintar”, dijo al Times. 

Con un amigo, Jack Fisk -posteriormente diseñador de producción y también director-, asistió a la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, en Filadelfia. Mientras pintaba una escena de jardín una noche, sintió que oía el susurro del viento y veía cómo sus flores pintadas al óleo se mecían con la brisa. Esa visión inspiró sus “películas en movimiento”, comenzando con la grotesca y explícita Seis hombres enfermándose (1967), que ganó el primer premio en un concurso de arte escolar.

En 1970, se mudó a Los Ángeles, donde estudió en el conservatorio del Instituto de Cine de América y comenzó a trabajar en Eraserhead durante un período de crisis personal. Se separó de su primera esposa, Peggy Lentz Reavey, con quien tuvo una hija; se mantuvo con una ruta de reparto de diarios que le generaba 48 dólares por semana y comenzó a meditar, sintiendo un “vacío” dentro de él.

“Mi padre es un gran admirador de la vida artística”, comentó más tarde su hija Jennifer Lynch a Newsweek. “La idea de estar atado por una familia era, en términos claros, una experiencia horrenda para él, una pesadilla hecha realidad”.

El éxito de Eraserhead en el circuito de películas de medianoche atrajo la atención de Brooks, quien lo reclutó para dirigir El hombre elefante. Creada independientemente de la obra de Broadway del mismo título, la película contó con Anne Bancroft (esposa de Brooks), Anthony Hopkins y John Hurt, cuyos elaborados prostéticos para el papel principal –creados por el maquillador Christopher Tucker– ayudaron a impulsar la creación de un Premio Oscar para maquillaje y peluquería.

Las películas incluyeron Corazón salvaje (1990), una excéntrica visión de El mago de Oz que ganó el premio principal en el Festival de Cine de Cannes; Carretera perdida (1997), una narrativa onírica que describió como una “fuga psicogénica”; e Imperio (2006), un tributo inquietante a los actores y la actuación, protagonizado por Laura Dern.

Algo improbable, también dirigió Una historia sencilla (1999), una película de Disney con clasificación “apta para todo público” basada en la historia real de un granjero que conduce una máquina cortacésped desde Iowa hasta Wisconsin para visitar a su hermano, de quien estaba distanciado por décadas. “Creo que puede ser mi película más experimental”, dijo tras el estreno de la película en Cannes. “La ternura puede ser tan abstracta como la locura”.

Su segundo matrimonio con Mary Fisk, hermana de Jack, terminó en divorcio después de que comenzara una relación con Rossellini que duró cinco años. Su matrimonio con la editora y productora Mary Sweeney, su pareja de largo tiempo, terminó en divorcio tras menos de un año. En 2009, se casó con la actriz Emily Stofle. Ella solicitó el divorcio a finales de 2023. Tuvo cuatro hijos: Jennifer, cineasta, de su primer matrimonio; Austin, de su segundo; Riley, de su relación con Sweeney; y Lula, de su cuarto matrimonio.

En los últimos años, emprendió un ambicioso esfuerzo por recaudar 7 mil millones de dólares para la Meditación Trascendental y construir “palacios de paz” alrededor del mundo. Pero el arte continuó siendo su principal enfoque, incluso mientras continuaba desconcertando a los espectadores.

“Se me ocurren ideas y quiero representarlas en películas porque me emocionan”, le dijo a Los Angeles Times en 1989. “Podrías decir que la gente busca significado en todo, pero no lo hace. Tienen vida ocurriendo a su alrededor, pero no buscan significado en ella. Esperan el significado cuando van a una película. No entiendo por qué la gente espera que el arte tenga sentido cuando acepta que la vida no lo tiene”.

Autor original: Harrison Smith para The Washington Post