El anuncio de este Soda Stereo con Zeta y Charly tocando junto a un avatar de Gustavo produjo unos cuantos debates, más privados que públicos. En primerísimo lugar, no tiene sentido preguntarse por la opinión del mismo líder: si Cerati aún estuviera aquí (y cuánto se sigue lamentando su ausencia) no existiría Ecos y por lo tanto tampoco habría debate. Tomada esa decisión por parte de sus compañeros, los familiares y la productora, solo queda preguntarse si el truco funciona.
Y sí. Cuando David Copperfield estaba en la cima de su popularidad, el interrogante “¿cómo lo hizo?" quedaba muy detrás del impacto emocional, el asombro y la maravilla. Algo similar sucede con ese Cerati que dice “¡Hola, preciosuras!” antes de “Juego de seducción” o que, tras levantarse un telón translúcido, aparece en todo su esplendor en escena y en pantalla para “Nada personal”, dice “La espera terminó” y arranca “Hombre al agua”, uno de los grandes momentos de aquella Gira Animal de 1990.
Como en el cine, se trata de suspender la incredulidad y dejarse llevar por la ilusión. La gran mayoría de quienes llenaron la primera cita lo hizo, lo disfrutó. Habrá quien note la ironía de un casi perfecto avatar digital cantando “Estoy moviéndome con mis propios latidos” o “Quiero descansar de todo ayer” pero el de al lado, sin dejar de saltar en feliz desenfreno sodamaníaco, podrá decirle “Ya está bien, aguafiestas”.
Porque lo que se vive es una fiesta, aunque en algún momento haya un pequeño desfase entre el avatar y lo que suena o quede la duda de si la falsa entrada de “(En) El séptimo día” fue tal o un error planificado para cimentar la sensación de vivo. Los pasajes 3-D en “Cuando pase el temblor”, “Zoom” y “Primavera 0″ vienen a recordar que todo es una gran fantasía, lo mismo sucede cuando se toma la pista de voz original de 1985 en “Nada personal” y todo parece un gran karaoke. Pero todo se convierte en sueño cumplido cuando pur sang ganadores como “Sobredosis de TV”, “Prófugos”, “Ella usó mi cabeza como un revolver” ponen a todo el mundo en llamas. Como en el solo de “La ciudad de la furia”, “Persiana americana” produce escenas más lisérgicas que las de los anteojitos: “Cerati” descose su guitarra, “Cerati” maneja a la gente y la hace cantar.
Otra vez: ¿vale la pena romperle a la gente ese momento feliz subrayando con suficiencia que son solo conejos en una galera?
Zeta y Charly tocan pero no hablan, se reservan un momento de mayor protagonismo cuando aparecen en dos tarimas junto al público para tocar, claro, “De música ligera”, el inevitable cierre apoteósico, ahora sí con un desfile de múltiples Gustavos en pantalla. Han craneado el espectáculo, seleccionado audios y momentos, ensayado sobre esas grabaciones al milímetro, pero saben que la gran mayoría del tiempo las miradas y la atención plena estarán puestas en el muñeco digital. No hay conflicto en eso, en Soda Stereo siempre fue más o menos así.
Al cabo, Ecos es un gran espectáculo que cumple con lo que promete: la representación de un recital de Soda, ese hecho imposible desde el maldito 4 de septiembre de 2014. En una época mediada por las pantallas, en la que la Inteligencia Artificial -aunque esto no lo sea- es un factor admitido y prosumido, los interrogantes sobre la legitimidad y veracidad de todo el asunto quedan bien para la birra posterior. Pero durante buena parte de las casi dos horas de show las emociones barren con la razón. Sobre todo entre quienes nunca vieron al trío en vivo: entre los muchos encanecidos presentes en la primera fecha hubo más lugar para las sensaciones encontradas.
Quizá algo de esas contradicciones haya quedado traducido en un momento particular de la noche debut: ya en el tramo final, desde el escenario llegaba una atronadora versión de “Final caja negra”, otro solo que demuestra que Gustavo no solo tenía una prodigiosa mano derecha sino que también sabía puntear.
Pero el público, esta vez, se mostró curiosamente estático, como si de pronto hubiera caído una ficha, un atisbo de realidad entrometiéndose en la ceremonia. Pero inmediatamente después “Primavera 0″ y “Prófugos” se encargarían de volver a encarrilarla.
Entonces: ¿volvió Soda Stereo? Sí. No. Lo que hay son ecos, los mismos instantes llenando vacíos. Un poco de Black Mirror en nuestra vida cotidiana. Solo a unas cuadras del Movistar descansan los restos de un genio musical llamado Gustavo Cerati.
Pero esta noche, y muchas otras más, un pueblo rockero que lo sigue extrañando puede dejar el pensamiento científico en los molinetes y verlo otra vez, saltar, bailar, cantar con él. El conejo de la galera en el País de las Maravillas. Despiértenlos cuando pase el temblor.
Autor original: Eduardo Fabregat para Página 12
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