domingo, 28 de junio de 2020

La cabeza de Goliat

El Área Metropolitana de Buenos Aires se puede definir de distintas formas. Pero el territorio máximo que se le puede calcular, la Capital Federal más los 40 municipios bonaerenses cercanos (que incluyen zonas bien rurales), ocupa sólo el 0,5% del territorio continental argentino. Continental, sin incluir las islas del Atlántico Sur y el sector Antártico Argentino.

Para enfrentar la acelerada suba de contagios que se registra en esta minúscula parte del territorio del 8° país del mundo en extensión, el presidente de la Nación y los dos mandatarios que manejan las administraciones subnacionlales con más recursos han dedicado la mayor parte de su tiempo y de su caudal político, ayer y desde hace muchos días.

Hay una muy buena razón para esto, por supuesto. En el AMBA vive alrededor del 40% de la población argentina. Además de ser la sede de buena parte de su industria manufacturera, y, sobre todo, de los centros de la industria cultural, la que produce información y contenidos para el resto del país.

Ezequiel Martínez Estrada fue uno de los, numerosos, intelectuales argentinos que hace unos 80 años recibieron con rechazo y aversión la democracia de masas que comenzaba. Pero, a pesar de esto, podemos reconocer que estaba en lo cierto al percibir algo patológico en la «cabeza de Goliat», una ciudad que ya era, en varios sentidos, demasiado grande para su cuerpo.

Por supuesto, más allá de los juicios y lamentaciones, es la realidad a manejar. Las medidas de prevención de contagios que se aplican y aplicarán están determinadas por esta aglomeración urbana. Y puede ser que resten nuestra atención de las que deben pensarse para realidades distintas en las distintas provincias.

No es un problema que encuentre en estos días el tiempo ni la disposición para encararlo. Pero es conveniente tenerlo muy en cuenta cuando se habla de los perjuicios y la paralización productiva que ha provocado esta pandemia. En el resto del territorio argentino hay focos de contagio, por cierto, y la posibilidad de rebrotes. Pero, por ahora, no la pandemia no desborda las capacidades de manejo. Y la actividad rural y sus transportes han sido consideradas, con razón, esenciales y no se interrumpieron en ningún momento.

Autor original: Abel B. Fernandez (publicado en el sitio web AgendAR)

sábado, 20 de junio de 2020

(No) Todos somos Vicentin

No estoy a favor de la expropiación de la empresa y tampoco creo que sea la solución estatizar una deuda privada millonaria que terminaremos pagando todos los contribuyentes con el dinero de los impuestos. Entiendo y respeto el reclamo de cierto sector de la sociedad que pide que no se viole la propiedad privada, pero tampoco creo que esto nos lleve a ser "Venezuela" como vienen insistiendo esos mismos sectores hace mas de una década.

Lo que si se que NO soy (ni apoyo) es a un grupo de empresarios corruptos, fugadores seriales de dividas, ladrones de guante blanco que estafaron a miles de pequeños productores agrarios, a la Banca publica (con dinero de todos) y privada en complicidad con funcionarios del gobierno anterior, de los cuales además fueron sus mayores aportantes de campaña en las ultimas elecciones y que ahora buscan impunidad.

NO TODOS SOMOS (COMO) VICENTIN


lunes, 1 de junio de 2020

Blackbird

Podes ser el país mas poderoso e influyente del mundo, pero cuando se juntan décadas de racismo latente, 40 millones de desocupados, mas de 100 mil muertos por el virus y un inconsciente de Presidente, el resultado termina siendo que la gente cansada salga a la calle y diga basta.

JUSTICIA POR GEORGE FLOYD

Grandes personalidades se unieron en marcha a favor de la justicia ...

domingo, 24 de mayo de 2020

Las clases medias argentinas

No existe una única clase media, que sea monolítica y homogénea. La casuística al interior de esa categoría sociológica es tan variada como factores consideremos. Todo depende en gran medida de la episteme local, porque el concepto de clase media no puede ser “importado” de otras latitudes como si cada país tuviera la misma historia y los mismos hábitos y costumbres, patrones culturales, niveles económicos, etc. Y, además, tampoco podemos olvidar la dimensión subjetiva en torno a la lógica aspiracional, que permite diferenciar una gran variedad de matices al interior de ese totum revolutum llamado “clase media”.

Bajo ese marco referencial, cada país requiere su propio análisis. En Argentina, según la mayoría de estudios, la clase media es, precisamente, el grupo poblacional más nutrido. Pero la pregunta es la misma de la que partíamos, aunque esta vez adaptada a una realidad concreta: ¿cuántas clases medias hay en Argentina? A esta cuestión se podría responder desde una perspectiva doble.

Por un lado, siguiendo los enfoques clásicos denominados “objetivos”, a partir de una variable focal muy economicista (ingreso, consumo), podemos realizar un análisis pormenorizado de la distribución intra “clase media”. Así podríamos observar cómo existe una gran dispersión de casos. En Argentina, si mirásemos únicamente al bloque de la “clase media”, podríamos afirmar que entre el primer trimestre de 2015 y el de 2019, ese grupo pasó de ser el 43,5% al 37,4%, en términos “objetivos”. Sin embargo, de esta manera no estaríamos identificando toda la problemática real al interior de ese gran espacio, porque no advertiríamos que seguramente hay muchos ciudadanos que durante el ciclo macrista se vieron perjudicados en su nivel de ingreso y consumo, y quedaron “rozándose” con el umbral de la pobreza. A esos, el Banco Mundial les llama “casi clase media”. Y no sería justo de ninguna manera que a ese grupo más vulnerable lo equiparáramos con aquellos que están al otro extremo de la distribución intra clase media, que son casi más clase alta que media.

Por otro lado, está la dimensión subjetiva, basada en la autopercepción. Este enfoque no es ni mejor ni peor que el anterior, sino que es necesariamente complementario del otro para tener una visión más integral y compleja del fenómeno clasemediero en Argentina. La última encuesta realizada por CELAG para todo el país (mayo 2020), pregunto precisamente por esa variable, y los resultados ayudan a entender mejor la compleja heterogeneidad existente de la “clase media”: a) el 41% se autopercibe como “clase media de toda la vida (CMTV)”, b) 27,8% como “clase media con miedo a ser baja (CMMSB)”, c) 7,1% como “nueva clase media (NCM)”, y d) 3,2% como “clase media-alta”. Si hiciéramos un zoom en cada categoría podríamos observar cuán diferentes son entre sí. Por ejemplo, el 52,4% de la CMTV tiene estudios universitarios y, por el contrario, en la NCM solo los tiene el 10,2% (y el 25% para la CMMSB); en materia de cobertura médica, la CMA y la CMTV usan mucho más la prepaga que la CMMSB; preguntados por si “los que más tienen deben aportar más para afrontar la crisis”, la CMMSB muestra un respaldo muy superior que la CMTV; por su parte, la CMMSB se muestra anímicamente menos fuerte que la CMTV para afrontar la crisis actual del coronavirus.

En conclusión, no hay una única identidad de clase media en Argentina por mucho que se abuse del término. Las distintas clases medias presentadas según la encuesta de CELAG es una de las divisiones posibles, pero seguramente podrían haber tantas como criterios utilicemos (por ejemplo, a este mismo ejercicio lo hicimos en Bolivia con la categoría acuñada por Álvaro García Linera de “clase media de origen popular”, y representa en autopercepción el 31,7%).

En nuestro caso, el argentino, lo verdaderamente importante, sobre lo que queremos llamar la atención, es que hay que evitar caer en la trampa de una generalidad que no existe. Cada “clase media” tiene un nivel económico diferente; posee un matriz de miedos y sensaciones distinta; su lógica aspiracional también varía. Y, en consecuencia, lo riguroso es asumir que no hay única forma de concebir a la clase media, sino que habrá tantas como clases medias existan.



Autor: Dr. Alfredo Serrano Mancilla (articulo publicado originalmente por CELAG)

sábado, 21 de marzo de 2020

Otoño

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato, y que sea negro y mire amarillo y se enrosque y nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco el frío y la lluvia. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que sea otoño. Otoño y que llueva. Que un hombre te esté esperando en otra parte. Y no vayas. Que sea otra vez otoño. Y te quedes. Otoño y que llueva. Que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y te quedes.

Autor: Jose Sbarra (texto publicado originalmente por Revista Sudamericana) 

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