domingo, 24 de mayo de 2020

Las clases medias argentinas

No existe una única clase media, que sea monolítica y homogénea. La casuística al interior de esa categoría sociológica es tan variada como factores consideremos. Todo depende en gran medida de la episteme local, porque el concepto de clase media no puede ser “importado” de otras latitudes como si cada país tuviera la misma historia y los mismos hábitos y costumbres, patrones culturales, niveles económicos, etc. Y, además, tampoco podemos olvidar la dimensión subjetiva en torno a la lógica aspiracional, que permite diferenciar una gran variedad de matices al interior de ese totum revolutum llamado “clase media”.

Bajo ese marco referencial, cada país requiere su propio análisis. En Argentina, según la mayoría de estudios, la clase media es, precisamente, el grupo poblacional más nutrido. Pero la pregunta es la misma de la que partíamos, aunque esta vez adaptada a una realidad concreta: ¿cuántas clases medias hay en Argentina? A esta cuestión se podría responder desde una perspectiva doble.

Por un lado, siguiendo los enfoques clásicos denominados “objetivos”, a partir de una variable focal muy economicista (ingreso, consumo), podemos realizar un análisis pormenorizado de la distribución intra “clase media”. Así podríamos observar cómo existe una gran dispersión de casos. En Argentina, si mirásemos únicamente al bloque de la “clase media”, podríamos afirmar que entre el primer trimestre de 2015 y el de 2019, ese grupo pasó de ser el 43,5% al 37,4%, en términos “objetivos”. Sin embargo, de esta manera no estaríamos identificando toda la problemática real al interior de ese gran espacio, porque no advertiríamos que seguramente hay muchos ciudadanos que durante el ciclo macrista se vieron perjudicados en su nivel de ingreso y consumo, y quedaron “rozándose” con el umbral de la pobreza. A esos, el Banco Mundial les llama “casi clase media”. Y no sería justo de ninguna manera que a ese grupo más vulnerable lo equiparáramos con aquellos que están al otro extremo de la distribución intra clase media, que son casi más clase alta que media.

Por otro lado, está la dimensión subjetiva, basada en la autopercepción. Este enfoque no es ni mejor ni peor que el anterior, sino que es necesariamente complementario del otro para tener una visión más integral y compleja del fenómeno clasemediero en Argentina. La última encuesta realizada por CELAG para todo el país (mayo 2020), pregunto precisamente por esa variable, y los resultados ayudan a entender mejor la compleja heterogeneidad existente de la “clase media”: a) el 41% se autopercibe como “clase media de toda la vida (CMTV)”, b) 27,8% como “clase media con miedo a ser baja (CMMSB)”, c) 7,1% como “nueva clase media (NCM)”, y d) 3,2% como “clase media-alta”. Si hiciéramos un zoom en cada categoría podríamos observar cuán diferentes son entre sí. Por ejemplo, el 52,4% de la CMTV tiene estudios universitarios y, por el contrario, en la NCM solo los tiene el 10,2% (y el 25% para la CMMSB); en materia de cobertura médica, la CMA y la CMTV usan mucho más la prepaga que la CMMSB; preguntados por si “los que más tienen deben aportar más para afrontar la crisis”, la CMMSB muestra un respaldo muy superior que la CMTV; por su parte, la CMMSB se muestra anímicamente menos fuerte que la CMTV para afrontar la crisis actual del coronavirus.

En conclusión, no hay una única identidad de clase media en Argentina por mucho que se abuse del término. Las distintas clases medias presentadas según la encuesta de CELAG es una de las divisiones posibles, pero seguramente podrían haber tantas como criterios utilicemos (por ejemplo, a este mismo ejercicio lo hicimos en Bolivia con la categoría acuñada por Álvaro García Linera de “clase media de origen popular”, y representa en autopercepción el 31,7%).

En nuestro caso, el argentino, lo verdaderamente importante, sobre lo que queremos llamar la atención, es que hay que evitar caer en la trampa de una generalidad que no existe. Cada “clase media” tiene un nivel económico diferente; posee un matriz de miedos y sensaciones distinta; su lógica aspiracional también varía. Y, en consecuencia, lo riguroso es asumir que no hay única forma de concebir a la clase media, sino que habrá tantas como clases medias existan.



Autor: Dr. Alfredo Serrano Mancilla (articulo publicado originalmente por CELAG)

sábado, 21 de marzo de 2020

Otoño

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato, y que sea negro y mire amarillo y se enrosque y nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco el frío y la lluvia. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que sea otoño. Otoño y que llueva. Que un hombre te esté esperando en otra parte. Y no vayas. Que sea otra vez otoño. Y te quedes. Otoño y que llueva. Que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y te quedes.

Autor: Jose Sbarra (texto publicado originalmente por Revista Sudamericana) 

La imagen puede contener: planta y exterior

domingo, 8 de marzo de 2020

Un día sin nada que festejar

Si bien esta claro que el 8 de Marzo NO es un día festivo, da vergüenza ver que en Argentina hubo al menos 70 femicidios en los primeros 68 días de 2020, cifras incluso superiores a años anteriores y que muestran la inacción y nula efectividad del Estado y de la sociedad para prevenir e impedir que estas atrocidades sigan sucediendo.

domingo, 9 de febrero de 2020

Miedos, corajes y certezas

"De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse"

Autor: Eduardo Galeano

miércoles, 1 de enero de 2020

2020

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo. 

Autor: Eduardo Galeano